[Reseñas] STEVEN WILSON – THE RAVEN THAT REFUSED TO SING (AND OTHER STORIES)


Steven Wilson - The Raven That Refused To Sing (and other stories)Steven Wilson cerca terreno con el rock progresivo más primigenio y nos deleita con esta oda que toca todos los recovecos emocionales de un modo accesible y, a fin de cuentas, satisfactorio, sin renunciar a la complejidad característica de sus composiciones.

Hace ya unos años que Steven Wilson se codea con músicos externos a Porcupine Tree para sacar adelante música más ligada a sus referencias musicales. Con este, ya son tres álbumes que el genio británico lanza en solitario (o al menos copando su nombre la portada de los mismos), desprendiéndose así de cualquier cerco que pudiera interceder en su trabajo en Porcupine Tree. La libertad creativa y las alusiones genéricas a los setentas (tanto en el ámbito del jazz fusión como del rock progresivo) se ven enarboladas en la trayectoria de Wilson en solitario. La primera semilla se plantó en Insurgentes (2009). La cúspide de esta verborrea de virtuosismo sonoro se vio completa en Grace For Drowning, álbum que Wilson publicó hace apenas dos años (y uno de nuestros favoritos de 2011). Ahora, Steven Wilson nos trae un álbum menos extenso, menos iconoclasta (tanto en forma como en contenido), aunque más perfilado y cristalino. De corazón casi entrañable y reminiscencias sonoras de lo más sugestivas, The Raven That Refused To Sing se yergue como una compilación de cuentos de todos los colores. Wilson ha optado por confeccionar un álbum más comprimido, que exprime todas las facetas musicales de cada una de sus piezas albergando tonalidades musicales diametralmente opuestas sin saltar de pista para ello. En la diversidad está el gusto; y en la exploración del rock progresivo más intrínseco. Sería desacertado catalogar este álbum dentro de la corriente new prog, ya que tiene más de álbum clásico setentero que de otra cosa.

La trama del álbum arranca con la portentosa “Luminol”, una pista epopéyica de más de 12 minutos (la más larga del álbum) que se regodea en la gama de registros más abruptos de The Raven That Refused To Sing, acercando el sonido a una mezcla entre Porcupine Tree y la banda sonora de cualquier videojuego de temática épica. Los momentos livianos son lo mejor de la pista y contrastan de manera palpable con el inicio del tema. La inclusión de orquestación típica del jazz ya se muestra en “Luminol”. Vigorizados riffs de trompeta y saxofón adereza los puntos álgidos, no de este tema, sino de todo el álbum, enfatizando el aspecto virtuoso de la música de Wilson, siempre presente. “Drive Home”, por el contrario, arranca con un mood más acogedor, de nuevo sustentado por la omnipresente guitarra delay. La cálida voz de Wilson y una estructura de canción basada en guitarras arpegiadas y arreglos de violines, hacen el resto. Al igual que pasara en Grace For Drowning, la instrumentación es excelsa. Finalmente, “Drive Home” pone punto y final con un solo que nos rememora los mejores pasajes de Pink Floyd. “The Holy Drinker” retoma el ímpetu jazzístico con un ritmo rizado y vertiginoso para luego desembocar en una pieza prog rock digna de Rush o Jethro Tull, con pasajes de flauta travesera incluidos. Un aspecto que antes ya estaba presente, pero que en “The Holy Drinker” ya se hace claramente ostensible, es el constante e inestable cambio de notación de escalas, dotando al tema de múltiples facetas (no sólo por la variada instrumentación). Muchos de los temas de The Raven That Refused to Sing son contenedores de muchos temas a la vez, y no necesariamente han de estar bien ligados los unos con los otros. Simplemente se exponen como una amalgama de retórica melódico-emotiva. Steven Wilson, cuanto menos, brinda álbumes elocuentes. “The Pin Drop”, el tema más corto del disco, de apenas 5 minutos de duración, supone la catarsis musical del disco gracias a su concepción más compacta. Y su solo de saxofón, todo sea dicho. De nuevo, los sutiles arpegios de guitarra contrastan con las atmósferas elevadas. A pesar de ello, todo goza de un nexo común, y es esa sensación de embriaguez y luminosidad que transmite el grueso del álbum. A continuación, viene el que, para mí, es el mejor tema del disco. No es ni más ni menos que “The Watchmaker”. Arranque de puro rock progresivo, mezcla de las auras lánguidas de Pink Floyd con coros vocales de hard rock de influencias étnicas (casi que por momentos veo a System of a Down entre esos coros; meros espejismos). Este tema guarda mucha similitud con los de la etapa Grace For Drowning por lo ligero/foráneo de su base melódica. La flauta travesera vuelve a hacer de las suyas en el puente de la canción y el apartado vocal es, sencillamente, soberbio. El tema explota con un apogeo prog de lo más suculento que se ve apaciguado por las volátiles pinceladas jazzísticas que soportan todo el álbum. Las influencias sonoras de esta pieza son incontables. Una vez más, fade out y a otra cosa. A un final de lo más Porcupine Tree en el que el piano y el bajo afloran con notorio protagonismo por primera vez en The Raven That Refused to Sing. ¿He dicho ya que el apartado vocal es soberbio?. Majestuosa jam con el bajo a la cabeza para cerrar el tema. Para concluir, Steven Wilson opta por el tema más simple (en el buen sentido) del disco y el que le da nombre. Tal vez ese afán por transmitir un producto más digerible y accesible hayan hecho que “The Raven That Refused to Sing” se ponga a la cabeza de las demás stories. Una balada entrañable a la vez que suntuosa, frágil en su planteamiento pero firme en su esqueleto melódico, que queda grabada en la retina una vez se hace el silencio pos-disco.

Steven Wilson nos brinda una nueva obra de manual. Excelente uso de toda la instrumentación, con especial énfasis en la flauta travesera y las cuerdas. He visto que el piano ha sido menos importante en The Raven That Refused to Sing y que, curiosamente, no ha salido mal el asunto. Una vez termina el álbum, lo único que pide el cuerpo es más, paradójicamente. Tal vez nos hayamos malacostumbrado con Grace For Drowning. Lo que es innegable es que Steven Wilson ha firmado otra ópera magna para su ya de por sí amplia colección de piezas maestras. Su mente no tiene límites a la hora de componer, eso lo ha dejado claro. Pero es que en este álbum ha colmado el vaso. Si en Grace For Drowning veíamos una serie de esquemas musicales sobre los que exprimir infinitud de posibilidades (algunos pasajes no quedaban del todo nítido, era un concepto más volátil, más cercano al trabajo de King Crimson o Genesis), en The Raven That Refused to Sing asistimos a la proyección de ideas musicales más definidas aunque igual de complejas. Wilson no tiene techo creativo.

The Raven That Refused To Ring

– Discográfica: Kscope Music

– Duración: 54′

– Géneros: rock progresivo, jazz fusión, free jazz, new prog

– Temas destacados: “Luminol”, “The Watchmaker”, “The Raven That Refused to Sing”.

– Nota NR:

89

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