[Reseñas] SONNY ROLLINS – SAXOPHONE COLOSSUS (1956)


Sonny Rollins_Saxophone ColossusSaxophone Colossus es una definición muy precisa, más que un título. Su contenido es bastante cercano a la ídea de jazz que tiene casi todo el mundo. No por eso pasa a ser vulgar, es más, es casi más sorprendente. Un trabajo crucial en la historia de la música el de Sony Rollins y su banda.

Es un jazz típico por momentos: bits de batería más que escuchados y un fraseo de saxo que muchos compararán con las corrientes más bohemias actuales. Saxophone Colossus es eso, un coloso que, tras el paso de los años, sigue dando guerra y dejando sus influencias en lo que podría llamarse free jazz contemporáneo. No obstante, el hard-bop que Sony Rollins y sus compañeros despliegan aquí es clave para el desarrollo de la historia del jazz, junto con los trabajos de otros grandes músicos, por supuesto. El saxo de Sony Rollins es el principal protagonista, el que la de una textura especial al disco, el que le planta cara al de John Coltrane por aquella época y que un servidor piensa, desde un punto de vista personal, claro está, que sale ganando. Le acompaña el magnífico pianista Tommy Flanagan, que sigue a Sony de manera perfecta con ese ritmo jazzístico caribeño tan característico, y que, dicho sea de paso, se marca unos solos de infarto, no solo por su velocidad, que si bien no es lenta tampoco es que caiga en el frenetismo, sino también por su estilo, por su saber estar, en general. Lógico por otra parte al haber trabajado con otros grandes como el ya mentado John Coltrane, Dizzy Gillespie o Miles Davis, entre otros. A cargo del contrabajo se encuentra Doug Watkins, que hace muy bien su trabajo. Tal vez no sea un contrabajista muy destacado, pero cuando se habla de este disco es una evidencia enorme que hace su trabajo perfectamente. No se le puede achacar nada malo y colabora perfectamente en el conjunto general. El que sí que destaca, y muchísimo, llegando muchas veces a ser el completo protagonista de la obra, es el magnífico batería, Max Roach. Y es que el despliegue de ritmos no es la mar de virtuoso, pero su imaginación en los breaks es, sencillamente, sensacional. En definitiva, un cuarteto de ensueño.

Entrando en lo que sería el track by track, hacer una separación de las cinco pistas es necesaria para escribir sobre el disco pero en la escucha se funden. No literalmente, como es obvio cada pista tiene un final y un inicio, pero sí es cierto que todas tienen la misma textura, la misma esencia, y eso es gracias a la compenetración del cuarteto, que sabe darle un sentido y un contenido a todo el disco en su conjunto, aun cuando el compositor no solo es Sony Rollins, cuyo nombre está solo vinculado a tres de los cinco temas. “St. Thomas” es una de ellas, una oda a su ciudad natal en las Islas Vírgenes, en la cual, como era de esperar, nos topamos esa primera vez con ese toque caribeño y étnico, tanto en la melodía, que casi carece (no me atrevo a afirmarlo con rotundidad tal vez por exceso de sensatez) de la blue note, de las características del blues en general., como en algunos breaks de batería. “You Don’t Know What Love Is” es una versión de la canción escrita por Son Raye y Gene de Paul. A modo de balada sensual el saxofón construye sus lineas por encima de un trío rítmico sensacional, que casi casi pasa desapercibido, si no fuese por la fuerte presencia del contrabajo de Doug Watkins. El piano aporta el brillo necesario para no dejar el sonido demasiado hueco. Aquí ya encontramos un hard-bop más tipo, más corriente en cuanto a lo que se suele escuchar en otros discos de la época y, sobre todo, a la influencia del blues, pero que no carece de estilo y de sentido y esencia y que, de hecho, es bastante más lento que otras composiciones, tal vez por tratarse de una versión. “Strode Rode” es genial, simplemente. Nos acerca a la bohemia y al mundo suburbano, a lo secreto, a lo ambiguo. Cuando escucha algo así, que data de 1956, uno se da cuenta de que gran repercusión ha tenido a lo largo de las décadas en el imaginario colectivo. Desde un punto de vista más musical, el fraseo de Sony Rollins alcanza aquí, probablemente, el límite de la genialidad. Lo mismo con Tommy Flanagan, que demuestra que su sentido del ritmo es esencial a la hora de construir por encima de la magnífica base de Watkins y Max Roach. En fin, cualquier cosa que digas se queda corta cuando hablas de “Strode Rode”.

Tras estos tres grandísimos temas, nos encontramos con lo que sería la segunda arte del disco, tan buena como la primera. “Moritat” es una versión de “Mack the Knife” o “the ballad of Mack the Knife”, también conocida originalmente como “Die Moritat von Mackie Messer”, compuesta por Kurt Weill con letra de Bertolt Brecht para el musical Die Dreigroschenoper o, en inglés, The Threepenny Opera. ¿Qué tiene de interesante esto? Pues saber como era la élite intelectual del momento, cómo la población negra, aún oprimida por aquel entonces, era capaz de hacer tributos tan buenos como este. No tanto en esta época como más adelante, pero el jazz tiene, en muchas ocasiones, un claro tono reivindicativo, hasta llegar al punto de que Miles Davis renegó del Cool Jazz que el había creado por “dejar de lado” sus raíces negras. Pero eso es otro tema. “Moritat” es perfecta en su estilo, con un ritmo con mucho swing y que recuerda a veces al bebop, si no estuviese hay Max Roach para dejar claro que aquello es un cuarteto y no una big band. Es en este tema en el que encontramos a un Watkins más creativo que demuestra estar al nivel de los otros tres integrantes. Bien por él. Y casi para desquitarse, sigue con la creatividad en “Blue 7”, un tema con un contenido más experimental, por decirlo de alguna manea, que se aleja, más aún, de lo establecido, vaya. Aquí hay que destacar los breaks o los solos que se marca Roach, un genio de la batería definitivamente, aunque obviamente no necesita reconocimiento de nadie, porque los discos ahí están para el que los quiera escuchar y hablan por sí solos. Tommy Flanagan se cree por momentos que está en las orillas del Mississipi, y es que más “blue” no pudo ser. Junto con “Strode Rode”, a gusto personal, lo más destacable, y eso que el disco ya es perfecto de por sí.

En fin, al hablar de Saxophone Colossus es complicado no repetirse porque cuando se trata de uno de los trabajos referencia dentro del hard-bop cualquier cosa que digas se queda corta, obsoleta o, directamente, sobra, porque ya se sabe que es genial. De todas formas no viene mal recordar los orígenes de la música moderna. Remontarse a los inicios, a veces, es necesario.

SAXOPHONE COLOSSUS

– Discográfica: Prestige

– Duración: 40′

– Géneros: Hard-bop jazz

– Temas destacados: Todos

-Nota NR:

100

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