[Crónica] SWANS @ NAVE DE LA MÚSICA, EL MATADERO, MADRID [7/12/12]


Swans

La noche se presentaba fresca (que no fría) en El Matadero de Madrid, en el que se celebraba anoche, y hoy, 8 de Diciembre, se sigue celebrando, el Primavera Club 2012, una de las pocas oportunidades de poder ver en Madrid a ciertos grupos. Swans era uno de ellos, y la acogida no pudo ser mejor. Las largas colas a la hora de canjear la entrada por la pulsera ya daban a entender que el festival había sido, en cierto modo, un éxito. De esa gente, muchos prefirieron a Mark Lanegan en contraposición al ruido visceral y esotérico que nos brindó Swans anoche, a eso de las diez y media.

Los tapones para oídos que regalaban nada más entrar en la nave de la música ya podían servir de vaticinio de lo que se nos venía encima. Sir Richard Bishop, que tenía que tocar una hora ante que los Swans, según los horarios de la web, no apareció, desconocemos las razones. Pero no importó mucho, porque se notaba que los que estábamos allí a esas hora era para ver las tropelías de la banda liderada por Michael Gira. Pese a que en un primer momento parecía que iba a ser un espectáculo íntimo, poco a poco la sala fue llenándose hasta los topes, llegando al punto de completar todo el aforo. Mucha gente no pudo ver el espectáculo, una pena, sobre todo teniendo en cuenta que algunas personas se fueron a mitad de concierto, puede que para disfrutar de algún otro que ofrecía el festival.

Intentar explicar lo que la banda tocó en concepto de tema es tan complejo como absurdo. Francamente, un servidor no reconoció muchos de los pasajes que sonaron, pero tampoco era la finalidad del concierto. Poco a poco, en un principio, el sonido fue apoderándose de la nave, de más a menos, ante las miradas atónitas de unos y los gritos eufóricos de otros. La voz de Gira es más cruda de lo que cabe esperar y fue, cómo no, el gran protagonista de la noche. La potencia de la percusión, de la mano de Thor Harris (un nombre muy apropiado), que a los pocos minutos ya iba sin camiseta a pesar del frío, y de Phil Puleo, llegaba a los oídos de forma asombrosa. Por otra parte, el bajo de Chris Pravdica no llegaba solo a los oídos, sino también al pecho, en forma de fuertes ráfagas que chocaban contra uno sin parar. Literalmente, se podía notar el impacto en las primeras filas. Norman Westberg al fondo, algo quieto en comparación con sus compañeros, parecía estar absorto ante su propio espectáculo. Junto con Gira, Christoph Hahn fue otro gran protagonista, que se ganó al público a su manera particular. Un grande.

Tras esta breve presentación, intentemos discernir lo que ocurrió después. Porque es realmente complicado, créanme. Los parones entre “temas” fueron prácticamente inexistentes, más anecdóticos que otra cosa. Hubo pocos momentos en los que aplaudir, porque de las casi dos horas que estuvimos escuchando allí a Swans, los últimos 45 minutos fueron continuos, seguidos, en lo que supuso la cima de los que nos tenían allí preparado. Todo lo anterior fue asombroso, sobre todo uno de los pasajes que, al terminar de forma abrupta, arrancó la euforia de los oyentes. Pero tras eso, nos encontramos con un Michael Gira pletórico que, con ayuda de sus compañeros, consiguió sumirnos en algo más que simple música. Aquello no era un concierto, era un ritual sagrado, una invocación. Como dijo Gira en una de sus entrevistas, lo que buscan en su música es la capacidad de abrumar y, ciertamente, lo consiguieron. Lo primeros compases pueden seguirse, el cuerpo se mueve como por arte de magia gracias a esa atmósfera de drone/post-rock experimental o llámenlo como quieran, pero tras unos minutos, empieza a superar lo meramente corpóreo. La gente, en un principio eufórica, se paró durante un buen rato a, simplemente, contemplar. Y sentir. Uno tras otros los riffs de guitarra y bajo acompañados de la percusión anonadaban a los espectadores. Michael, al grito de “Sangre de dios”, nos metía de lleno en un sonido que apelaba directamente a los instintos más tribales del ser humano.

Todo lo que se diga de lo que ocurrió anoche en la nave de la música es quedarse corto. Hay que vivirlo. La despedida fue merecida, con todo el público aplaudiendo durante unos minutos, con la banda inclinándose y dando las gracias al público español. Swans ya estaban consagrados, pero con esto mucho más. El pitido en los oídos, tan característico al salir de un concierto, cruzó la barrera de lo circunstancial. El volumen estaba alto, sí, pero mereció la pena. Swans no se puede disfrutar de otra manera.

2 Respuestas a “[Crónica] SWANS @ NAVE DE LA MÚSICA, EL MATADERO, MADRID [7/12/12]

  1. Hola Jorge
    Buena crónica, enhorabuena
    Sir Richard Bishop tocó en el escenario contiguo a Swans una hora antes. Concierto alucinante, por cierto

  2. Pingback: [Crónica] SWANS @ NAVE DE LA MÚSICA, EL MATADERO, MADRID [7/12/12] | jorgerodper·

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